
ENTREVISTA EN EDM A JUAN ROMA
Juan Roma, fundador y CEO de Corus
Corus nació con el objetivo de acompañar a los dentistas de una forma más sólida a escala. Así lo explica en esta entrevista su fundador y CEO, Juan Roma, quien destaca el valor diferencial del equipo humano de la compañía y su apuesta por un crecimiento sostenible a largo plazo basado en la colaboración entre clínica y laboratorio, el conocimiento compartido y la innovación con impacto en la salud y la calidad de vida de las personas.
DM.- Cuando se puso en marcha Corus, hace más de diez años, el sector de los laboratorios dentales era muy diferente al actual. ¿Qué cambios le han sorprendido más desde entonces?
Juan Roma (J.R.).- La digitalización ha transformado profundamente nuestro sector, pero creo que el cambio más importante ha sido la evolución de la relación entre el odontólogo y el laboratorio.
Los buenos clínicos siempre han entendido que detrás de un gran tratamiento hay un gran técnico dental. Lo que ha cambiado no es tanto el reconocimiento de su valor, sino la forma de colaborar. Tradicionalmente, el laboratorio desempeñaba un papel eminentemente técnico y más dependiente del clínico. Hoy esa relación es mucho más estrecha, más horizontal y basada en un intercambio continuo de conocimiento.
La planificación digital, la comunicación en tiempo real y la creciente complejidad de los tratamientos han convertido al laboratorio en un participante activo de la planificación clínica. Cada profesional aporta una experiencia distinta, pero ambos comparten un mismo objetivo: conseguir el mejor resultado para el paciente.
Estoy convencido de que esta forma de trabajar es la que realmente está transformando nuestro sector y la que mejores resultados está dando. La tecnología no ha sustituido el conocimiento del técnico dental, ha hecho mucho más visible el enorme valor que siempre ha aportado. Cuando tecnología y personas trabajan juntas, la odontología alcanza otro nivel.
DM.- Corus ha incorporado laboratorios de distintos países a lo largo de estos años. ¿Cuáles son los aspectos más difíciles de integrar cuando una compañía crece a través de nuevas incorporaciones?
J.R.- Sin duda, las personas. La tecnología se integra, los procesos se armonizan y los sistemas terminan convergiendo. Lo realmente complejo es construir una cultura compartida sin perder aquello que hace único a cada laboratorio.
Nunca hemos querido que todos trabajen igual. Queremos compartir una misma visión, unos estándares de calidad y una forma de entender la profesión, respetando al mismo tiempo la identidad y el talento local.
Con el tiempo hemos descubierto que nuestro mayor activo no son únicamente los laboratorios que forman parte de Corus, sino el conocimiento y experiencia que circula entre ellos. Cuando un laboratorio comparte una innovación con otro, todos mejoran. Esa capacidad de aprender continuamente unos de otros es mucho más difícil de construir que cualquier infraestructura. Este intercambio continuo de talento y especialización con la proximidad al cliente es probablemente el mayor activo que tiene hoy Corus.
DM.- Cuando mira atrás y repasa la evolución de Corus, ¿hay alguna decisión que en su momento pareciera especialmente difícil y que hoy considere determinante para el desarrollo del proyecto?
J.R.- La más importante fue apostar por el largo plazo. Cuando fundamos Corus habría sido fácil limitarnos a crecer mediante adquisiciones y buscar rentabilizar la inversión con una visión de corto plazo. Sin embargo, desde el principio quisimos construir algo más que un grupo de laboratorios. Invertimos muy pronto en digitalización, software, formación, diseño, innovación y en crear una red europea de proximidad capaz de compartir conocimiento. Muchas de esas decisiones tardaron años en dar resultados, pero hoy forman parte de nuestra ventaja competitiva. Nunca hemos entendido la innovación como un proyecto puntual, sino como una forma de trabajar. Nuestro sector evoluciona constantemente y eso exige una organización capaz de aprender, adaptarse y mejorar de forma continua.
DM.- Corus fue una de las primeras compañías en apostar por la consolidación de laboratorios a escala europea. Hoy el panorama es muy distinto y cada vez aparecen nuevos grupos e inversores interesados en este segmento. ¿Qué diferencia a quienes llevan años construyendo este modelo?
J.R.- Creo que la diferencia está en el propósito. Nosotros nunca empezamos pensando solo en consolidar laboratorios. Desde el principio trabajamos en fortalecer el equipo, en integrarlos operativamente y también comercialmente. Eso diferencia completamente la estrategia y la hace mucho más exigente. No se trata solo de sumar laboratorios y ya. Nuestro objetivo nunca ha sido construir el mayor grupo de Europa, sino crear el mejor ecosistema para ayudar a que los laboratorios y los odontólogos tengan éxito en su profesión y esto repercuta en una mejor salud oral de los pacientes. propietarias e innovadoras que ayudaran al profesional a lo largo de todo el flujo clínico y digital, independientemente del tipo de rehabilitación. Pero hay algo aún más importante. Cada vez entendemos mejor que la salud oral forma parte de la salud general. Eso nos ha llevado a ampliar nuestra mirada. Queremos ayudar al odontólogo no solo a restaurar dientes, sino a mejorar la salud y la calidad de vida de sus pacientes. Un buen ejemplo es Nobrux, nuestra férula digital para el tratamiento del bruxismo. Cuando la lanzamos en 2019 no queríamos simplemente fabricar una mejor férula. Queríamos cambiar la forma de abordar una patología muy prevalente, facilitando su diagnóstico y ofreciendo un tratamiento más predecible para el clínico, más eficiente para el laboratorio y, sobre todo, una experiencia significativamente mejor para el paciente. Todo ello respaldado por un flujo completamente digital y por evidencia científica.
Creemos que ese enfoque ha contribuido a abrir una nueva categoría dentro del mercado. Nobrux no nació para competir en una categoría existente, sino para proponer una nueva forma de tratar el bruxismo. Que hoy existan otras propuestas inspiradas en ese enfoque demuestra que la innovación no consiste solo en llegar primero, sino en marcar el camino. Ese es el tipo de innovación en el que creemos: desarrollar soluciones que combinan ciencia, tecnología, conocimiento y experiencia para mejorar los resultados clínicos, simplificar el trabajo del profesional y ofrecer una mejor experiencia al paciente. En definitiva, queremos que la tecnología se convierta en una ventaja competitiva para el profesional, ayudándole a trabajar mejor, diferenciarse y dedicar más tiempo a sus pacientes.
DM.- La formación ha sido una constante en la evolución de Corus. ¿Qué papel desempeña hoy dentro de la compañía y por qué tipo de formaciones siguen apostando?
J.R.- Siempre he pensado que una empresa tiene también la responsabilidad de contribuir al desarrollo de la profesión.
La tecnología evoluciona muy deprisa y el conocimiento tiene una vida útil cada vez más corta. Aprender de forma continua ya no es una ventaja competitiva; es una necesidad.
Por eso la formación forma parte de nuestro ADN desde el principio. Compartir conocimiento, tanto dentro como fuera de Corus. Una organización aprende cuando el conocimiento deja de ser individual y pasa a ser colectivo.
A través de Corus Academy buscamos precisamente eso: crear un espacio donde odontólogos, higienistas, técnicos, universidades, sociedades científicas, industria y expertos puedan aprender juntos. Estoy convencido de que cuando el conocimiento circula libremente, la innovación se acelera y los pacientes reciben una mejor atención.
DM.- Ha vivido la evolución de los laboratorios desde los procesos más tradicionales hasta los actuales flujos digitales. ¿Qué avances han cambiado realmente la forma de trabajar y cuáles cree que han generado más expectativas que resultados?
J.R.- Los flujos digitales han cambiado la profesión para siempre. Han mejorado la precisión, la comunicación y la eficiencia de una forma que hace quince años parecía difícil de imaginar.
Ahora vivimos una nueva revolución con la inteligencia artificial. Está teniendo ya un impacto enorme, pero también creo que debemos mantener una visión realista.
La inteligencia artificial no sustituirá al criterio clínico, ni al conocimiento técnico, ni a las relaciones humanas. Los potenciará. Igual que ocurrió con el CAD/CAM, el verdadero cambio llegará cuando deje de verse como una innovación y pase a formar parte del trabajo cotidiano.
La tecnología solo tiene sentido cuando mejora el criterio humano, simplifica el trabajo del profesional y ofrece una mejor experiencia al paciente.
DM.- España cuenta con profesionales y laboratorios de gran nivel. ¿Cómo ve la posición de nuestro sector dentro del contexto europeo?
J.R.- España ocupa una posición muy destacada. Tenemos excelentes profesionales, una enorme capacidad técnica y una gran rapidez para incorporar nuevas tecnologías. Pero, además, cada vez contribuimos más a desarrollarlas.
Contamos con una comunidad muy dinámica en la que colaboran laboratorios, odontólogos, universidades, sociedades científicas e industria. Ese intercambio continuo de conocimiento es uno de nuestros grandes activos y seguirá siendo una ventaja competitiva para nuestro país.
DM.- Corus ha atravesado distintas etapas desde su fundación. ¿En qué momento se encuentra hoy la compañía y cuáles son las principales líneas de trabajo que marcarán los próximos años?
J.R.- Creo que estamos iniciando una nueva etapa. Durante los primeros años construimos una red europea de laboratorios integrada. La siguiente consiste en convertir esa red en una plataforma de conocimiento y soluciones para la odontología. Los próximos años estarán marcados por la automatización, la robotización, la inteligencia artificial y una integración cada vez mayor de todo el flujo digital. Pero, al mismo tiempo, seguiremos apostando por algo que considero esencial: mantener la cercanía con nuestros clientes y acompañarlos en esta transformación. La automatización seguirá avanzando, pero nuestra vocación seguirá siendo la misma: combinar la excelencia tecnológica con la cercanía humana. Porque cuanto más digital sea la odontología, más importante será mantener esa confianza.
DM.- Después de todo lo construido hasta ahora, ¿qué le gustaría que representara Corus dentro de diez años?
J.R.- Me gustaría que Corus fuera reconocida no solo por haber construido una gran organización europea, sino por haber contribuido a transformar la odontología en beneficio de profesionales y pacientes. Creo que el futuro pasa por entender la salud oral como una parte esencial de la salud de las personas. Nuestro propósito es ayudar a los profesionales a acompañar a sus pacientes durante toda su vida, ofreciendo soluciones cada vez más personalizadas y con un impacto real en su bienestar. Por supuesto, espero que sigamos creciendo, pero el crecimiento solo tiene sentido si continúa apoyándose en la confianza, el conocimiento compartido y la cercanía con nuestros clientes.
Al final, las empresas cambian, las tecnologías evolucionan y los mercados se transforman. Lo que permanece son las personas y la confianza que consigues generar. Porque detrás de cada tratamiento hay una persona que quiere recuperar su salud, su bienestar y, muchas veces, algo tan sencillo y tan importante como volver a sonreír. Si dentro de diez años Corus es reconocida por conectar talento, tecnología y conocimiento en un entorno de alta calidad para mejorar la salud de millones de personas, sentiremos que estamos cumpliendo nuestra misión. Y quiero aprovechar para agradecer a todos los profesionales que ya confían en Corus y forman parte de este camino. Nuestras puertas estarán siempre abiertas también a quienes quieran conocernos.
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